Es nuestro encuentro,
Limpio y sin mentiras,
Esperamos los dos vivir,
Mil vidas en un día.
Mis manos como serpientes,
Acarician tu cuello,
Sanan heridas,
concentré en tu mente,
Y tu corazón,
Mil vidas en un día.
Beso tu frente,
Jugando con tus cabellos,
Beso tus labios,
Que me acarician,
Respiro con tu aliento,
Savia de la vida,
Y te propongo el deseo de poseer,
Mil vidas en un día.
Y uno a uno desprendo,
Los botones de tu camisa,
Sintiendo el deseo de la piel,
Que no tiene la menor prisa,
Solo quiere que ocurra la magia de vivir,
Mil vidas en un día.
Tu piel poco a poco se suma a la mía,
Se erizan los vellos de tus poros,
Sopla una suave brisa,
Nos envuelve con su música leve,
Para vivir mil vidas en un día.
Al bajar por tus brazos,
Sintiendo como tus manos se aferran a las mías,
Te siento con miedo a lo desconocido,
No temas niña por mañana,
Hoy te ofrezco con mucha calma,
Mil vidas en un día.
Sigo por la parte baja que tus piernas cobijan,
Saboreando la fragancia de ese perfume,
Que a beberte toda me invita.
Tus caderas anchas, femeninas,
Las llanuras blandas que tanto me deliran,
Se derriten y se pierden como la luz,
En el ocaso del día.
Eclipso con mis manos tus nalgas,
Y tus manos rasgan con furia las mías,
Y haces de mi pecho un manantial bendito,
Que sacia tu sed de deseo infinito,
Degustando del sudor la savia,
En una sinfonía de mil vidas en un día.
Y elevo tu cuerpo hacia el séptimo cielo,
Para entregarlo al altar de sacrificio,
De mi propio cuerpo,
Y marcas una cruz en mis espaldas,
Con tus piernas cruzadas,
Lo único que mi furia animal calma.
Y en extrema convulsión de dolor y pasión,
De amor, perdición,
De gemidos agudos y transpiración,
Siento tu cuerpo devorando el mío,
Con la única ilusión,
De amarme como nunca has amado,
Y de tenerme cuando lo has deseado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario