Los leños crepitantes anuncian la llegada,
del viejo sin cocheros, de larga y blanca barba,
amedrentando a los malos espìritus taciturnos,
en una noche tranquila de estrellas pàlidas.
Animales de cornamenta robusta lo acompañan,
sobre los tejados reposan como suaves plumas de plata,
nadie lo siente llegar, mas todos esperan,
presentes envueltos de colores, alumbrados solo por velas.
La lenta y precisa acciòn delata su presencia,
las masitas de gengibre desaparecen,
y apura de un solo sorbo la leche fresca,
debe continuar su camino, puès otros niños lo esperan
...No fue un sueño, pasó de verdad.
ResponderEliminarYo sí creo en él. Yo sí creo en la Navidad.
Un beso