Palmas ensangrentadas ardiendo de punzante dolor
aguijonean mi pecho las embestidas de sus lamentos
perforando mis pupilas agitadas por el tumulto
el reclamo de esos poseedores de mi asombro casi yerto.
Mas cuando ustedes, empecinados jueces míos, no hablan
escucho aún en mi sordera que bufan y respiran,
les molesta oír lo que es una versión sincera de la verdad
más cuantas caras esta tiene y si por puta pudiera.
Maldicen mis pesares, mis cargas y posesiones,
miren sus rostros sin expresiones antes de juzgar el mío,
el Cerbero que custodia el inframundo con sus tres cabezas,
es un ángel de Dios comparado a sus fauces que solo vociferan.
Me criaron desde los ideales de una vida que no tuvieron,
me vendieron el amor de novios puros y castos
cuando ellos de levante a poniente se arrancaban los cuernos
mientras el niño lloraba solo con desconsuelo de ángel en vida muerto.
Los otros solo jugaron lo más común de todos y lo menos sincero,
de hacerse el desentendido y mirar con recelos
al que tiene eso que ellos no tienen
a intentar brillar con una luz que no llega ni a un reflejo.
Su sarna lamen entre ustedes mismos y que delicia apetitosa
mientras mastican su propia mierda aún así gozan
mintiendo y diciendo que el futuro aseguran
mientras firman con una mano el decreto y cortan lenguas con la otra.
Creo en lo que digo porque mi vida está encarnada
camina por una ruta sin destino llena de escollos que no faltan
la constante es solo un pensamiento claro y certero
de cumplimentar el objetivo del pan diario, único sustento.
No lloren más y miren sus propias vidas llenas de miedo
no se rían ni se jacten de mis apasionados desaciertos
quizás un día tengan que extender las manos para lustrar mis botas,
aún así sonreiré y daré la hogaza de pan que alimentará sus bocas.
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