Ahogas el último vaso y lo llenas de bemoles,
notas de color y perfumes dicen los entendidos,
para mí eres solo una medicina en el alma pobre,
un estado de euforia en estado adormecido.
Invades el cuerpo y mezclas la sangre,
haces que se disparen los rayos de la mente,
entre los monos y elefantes que danzan
con esas odaliscas del lejano oriente.
Mi pluma se moja en tu alma roja,
y mancha el papel como en un policial,
la novela negra se escribe con sangre,
más esta historia tendrá rojo final.
Invades mi alma y eres tu rojo vino,
viejo amigo y compañero de horas congeladas
en movimientos perpetuos de día o de noche
de los caminos torcidos y sin desatino.
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