viernes, 1 de abril de 2011

Inmaculada

El aceite de la lámpara se consumió,
la noche es presa de la quietud,
la piel se vuelve sudorosa y blanda,
entre las tinieblas y Dios.

Tus manos ya nada sienten,
poco a poco se retira su calor,
las ánimas del limbo se detienen,
al ver tu carroza llena de esplendor.

Inmaculada tu blanca mortaja,
atrapa tus sueños con el níveo rumor,
sollozan los ángeles negros de alas muy largas,
y cantan sus himnos que nadie cantó.

Embriagada la tierra de lluvia temprana,
encinta de muerte y espera precoz,
que alguien te guíe a tu oscuro lecho,
de donde no vienes, pero a donde vas hoy.

Se cierra la cicatriz de la tierra,
que un día un hombre para tí abrió,
el desconoce que será suya,
y grávida de muerte estará su voz.

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