miércoles, 20 de abril de 2011

Un mal sueño

El candelero ilumina la mitad del escrito,
el resto luce como a cielo abierto,
sin luna ni estrellas en esta habitación,
sin sacar de esas malditas palabras provecho.

Y recuerdo como furia en el papel,
el dormitar de mis deseos enhiestos,
la voz de mi ira en mi pecho,
el grito y el suplicar auxilio desde versos muertos.

La casa blanca en el rojo fuego ardiendo,
demonios inquietos danzando en el medio,
piernas paralizadas por el agobio,
un perro que ladra como loco al viento.

Crudo invierno que laceras mis entrañas,
aspecto de un sauce frondoso aunque huraño,
nubes plomizas que le abren los silos al viento,
arrancando de cuajos el sentido común con desacato.

Las puertas que se golpean y los vidrios que estallan,
remolinos de lenguas punzantes que claman al cielo,
ramas que se agolpan contra mis pensamientos,
manos ensangrentadas de los años como niño viejo.

Cuchilla de hiel que corta el papel,
con palabras que mi boca no pronunciarán,
partiendo derecho con boleto de ida,
hacia las entrañas de la tierra de nunca más.

Corro hacia el portal de los caminos del olvido,
aún el perro le ladra al viento,
anuncia una tormenta que se desvanece,
al tiempo de tocar una campanada el sepulturero.

El capellán lee un libro con las cuencas de sus ojos,
los que acompañan solo fingen hacerlo empujando el féretro,
la tierra enemiga de esta vida y deseosa,
devora sonriente el madero de los muertos.

El cielo se eclipsa de lamentos y desconsuelo,
los locos vagan por la avenida de los poetas exánimes,
mujeres de blanco, como novias del sin sentido,
vagan sin tocado, sin corazón y con recelo.

Testigo mudo de la farsa de este hecho,
todos lloran a quien ya se ha ido,
y un borracho de esos que nunca faltan,
se ríe de lo que ve, desdibujando su aspecto.

El temor no termina con la llegada del día,
ni la luna trae consigo el desconsuelo,
las pesadillas no son la traducción de la mente,
de eso aún no resuelto por los que se llaman vivientes.

Las punzadas de muerte no la dan los muertos,
la realidad de este mal sueño no la pintó un demente,
la han escrito quienes hacen de esta vida un páramo,
de tristes días para otros, mientras ellos juegan a ser héroes.

Estos versos de furia describen un mal sueño,
pero aún despierto esas imágenes veo,
parece que he quedado allí atorado,
y el mundo de los sueños es lo que es a diario.

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