sábado, 9 de abril de 2011

El espantapájaros

Suspendido allí como títere muerto,
sin las manos de un hábil titiritero,
a merced de las ráfagas del viento,
está el espantapájaros aún sin aliento.

Su cuerpo ha perdido el relleno,
su rostro, con ojos de botón,
su boca una cruz mal cosida,
su nariz hecha de un bollo de cartón.

Las manos, tenedores de hierro viejo,
sus brazos hechos de palo de arpón,
el torso relleno de paja segada un día,
las piernas sin forma y sin tensión.

Enigmática y espectral figura por las noches,
labriego constante debajo del sol,
aún intimidas con tu mirada muerta,
espantapájaros que eres, del espanto su autor...

Tus risotadas que suenan a latas,
herrumbradas de lluvias y de seca tos,
lapidan a pájaros que buscan sustento,
y huyen de tí, por  tu sórdida voz.

Nadie se acerca a tus eternos dominios,
nadie se atreve a preguntar de tí,
ningún niño pregunta si eres amigo,
y aún el que te ha creado, prefiere no ir.

Espantapájaros eres y por siempre serás,
el cuidador de ese eterno y dorado maizal,
con los brazos abiertos para poder abrazar,
al viento, tu amigo, que vida te da.

Espectro de los campos de día o de noche,
cuando tu mueras tu alma a donde irá ?
será que el fuego no te corrompe,
y en otro muñeco finalmente entrarás ?

Carlos Lopérgolo MMXI.

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