Su pecho escondía un secreto adormecido,
que en la medianoche y aún dormido,
sigiloso despertaría y con su boca anunciaría,
su último suspiro.
Pronta estaba la vida a ser cegada,
parece que Hades cortaría su hilo de plata,
este lo unía a los mortales,
desde tiempos de gloria aún memorables.
Un suspiro seguía a otro,
y su pecho se aireaba,
más la muerte merodeaba,
y atravesó la habitación.
Su lenta zarpa clavó,
en su pecho aún hendido,
con ese último suspiro que en ronquido se tornó,
no tuvo la muerte compasión y se lo llevó dormido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario