domingo, 10 de abril de 2011

Magia

Dedos de prestidigitador,
manos hábiles de serpiente,
el mago toma su bastón,
de repente se desvanece.

Laureado por la gente,
anuncia su función,
mirando al público fijo,
reaparece el bastón.

Y si por poco fuera,
aún no termina esta feria,
las flores se hacen presentes,
detrás del pañuelo celeste.

Las palomas sin cantar,
baten sus alas a un solo compás,
desde las luces y por detrás,
el tramoyista oculto, huye audaz.

Velas y pompas de jabón,
se escurren de entre los dedos,
el mago con  poca labor,
provoca el aplauso feroz.

Se apagan las luces,
termina la función,
el teatro encierra el eco,
del mago, los aplausos, el telón.

El desafío es constante
por ese gran final,
al fin la perfección,
en la ejecución alcanzar.

El gran truco de un mago,
para todos y al final,
terminar el show ileso,
para poder continuar.

Se retira el ilusionista,
como un hombre común,
guardando sus elementos,
en ese viejo baúl.

El hombre sin magia,
se dispone a dormir,
para en sueños encontrar,
su idilio sin fin.

Siendo el mes de Enero,
el desafío lo raptó,
su mujer sumergida cual sirena,
a la multitud conquistó.

Pero Neptuno dios celoso,
su alma arrebató,
y en su trampa de agua,
la vida ella perdió.

Ese amor de pleno verano,
en invierno se convirtió,
y en la mirada del mago,
la magia se eclipsó.

Carlos Lopérgolo MMXI.

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